Codigo Infarto en Localización Anterior: Caso Real y Rol de Enfermería

Codigo Infarto en Localización Anterior: Caso Real y Rol de Enfermería

Publicado el 9 de febrero de 2026 Sara Almahano

Contexto del caso: activación del codigo infarto por localización anterior

En este caso real, todo se inicia cuando el Sistema de Emergencias Médicas (SEM) contacta directamente con la unidad de hemodinámica para preguntar si es posible activar un código infarto y trasladar de forma urgente a un paciente. Desde la sala se comprueba la disponibilidad y, al confirmarse que se puede asumir el procedimiento, se da el visto bueno a la activación. En ese momento el equipo recibe la información básica: se trata de un varón de 60 años que inicia dolor torácico alrededor de la una del mediodía, con un cuadro clínico compatible con síndrome coronario agudo que requiere una respuesta rápida y coordinada.

El SEM acude al domicilio del paciente y realiza un electrocardiograma en el lugar, donde se objetiva un ascenso del ST en cara anterior. Ante este hallazgo, se activa el codigo infarto localización anterior y se organiza el traslado urgente a la sala de hemodinámica del Hospital de Sant Pau. La comunicación entre el equipo extrahospitalario y el equipo de hemodinámica es clara y directa, de modo que cuando el paciente llega ya se sabe que se trata de un infarto con elevación del ST en localización anterior, lo que permite anticipar el tipo de procedimiento y el material necesario. Esta anticipación es clave para reducir tiempos y optimizar el pronóstico del paciente.

Recepción del paciente en hemodinámica y valoración inicial

Cuando el paciente llega a la sala de hemodinámica, el equipo de enfermería lo recibe y lo monitoriza de inmediato. A pesar de la gravedad potencial de un infarto en localización anterior, el hombre se encuentra aparentemente estable, con una situación hemodinámica que podría describirse como Killip I en ese momento inicial. Se colocan los electrodos, se controla la presión arterial, la frecuencia cardiaca y la saturación de oxígeno, y se confirma en el monitor la elevación del ST en cara anterior que ya había sido descrita por el SEM. Esta verificación rápida permite mantener el foco en la urgencia del procedimiento sin perder tiempo en dudas diagnósticas.

La valoración inicial de enfermería no se limita a la monitorización, sino que incluye también la observación del estado general, el nivel de conciencia, la presencia de dolor y la respuesta del paciente a las primeras medidas. Todo ello se realiza de forma ágil, casi en paralelo a la preparación del campo y al inicio de la técnica, porque en un código infarto cada minuto cuenta. El objetivo es que, mientras el hemodinamista se prepara para el acceso, el paciente ya esté completamente monitorizado y con las medidas de seguridad básicas instauradas, minimizando riesgos durante la intervención.

Preparación del campo y acceso radial: trabajo coordinado de enfermería

En la preparación del campo, la enfermería tiene un papel central para que el procedimiento fluya sin interrupciones. Se palpa la arteria radial derecha y se comprueba que el pulso es adecuado, lo que permite decidir que este será el acceso vascular para la intervención. A continuación, se coloca un soporte adecuado para el brazo, de forma que el médico pueda trabajar con comodidad y estabilidad desde la radial. Este detalle, que puede parecer menor, es fundamental para evitar movimientos indeseados y facilitar la manipulación de catéteres y guías durante todo el procedimiento.

Una vez decidido el acceso, se selecciona un introductor radial de 6 French (Fr), que es el estándar en este tipo de intervenciones. Mientras el hemodinamista se centra en la punción y el acceso, el equipo de enfermería se encarga de mantener el campo estéril, de comprobar que todo el material necesario está disponible y de anticipar posibles complicaciones. La coordinación entre quien prepara el campo, quien monitoriza y quien circula por la sala es lo que permite que el código infarto se desarrolle con fluidez, sin tiempos muertos ni búsquedas de último minuto de material crítico.

Distribución de roles en el equipo de enfermería

La distribución de roles dentro del equipo de enfermería es muy clara y responde a la necesidad de trabajar de forma simultánea en varias tareas. Una enfermera se lava y se integra en el campo estéril junto al hemodinamista, participando directamente en la manipulación de catéteres, guías y balones. Otra enfermera se sitúa en el área del polígrafo, protegida con el delantal de plomo, encargándose de registrar las presiones, controlar el electrocardiograma y documentar los momentos clave del procedimiento. La enfermera circulante, por su parte, se mantiene fuera del campo estéril, preparando todo el material adicional, la medicación necesaria y cualquier recurso que pueda requerirse si la situación se complica. Esta organización permite que el equipo responda con rapidez ante cualquier cambio clínico, manteniendo siempre la seguridad del paciente como prioridad.

Procedimiento hemodinámico: de la coronariografía al tratamiento de la descendente anterior

Con el acceso radial conseguido, el hemodinamista introduce una guía y comienza a avanzar el catéter hacia las arterias coronarias. En primer lugar, se comprueba la arteria coronaria derecha, ya que es importante confirmar que no está ocluida y descartar otras localizaciones de isquemia. Esta revisión inicial permite tener una visión global de la situación coronaria del paciente antes de centrarse en la arteria sospechosa. Una vez verificado que la coronaria derecha no presenta la oclusión responsable del cuadro, se decide ir directamente a tratar la coronaria izquierda, que es la que se sospecha implicada en este infarto de localización anterior.

Para ello se utiliza un catéter guía específico, diseñado para poder realizar una angioplastia de forma segura y eficaz. Al inyectar contraste en la coronaria izquierda, se observa que la arteria que falta en la imagen es la descendente anterior (DA), lo que confirma que la oclusión responsable del código infarto se localiza en este vaso crítico. La rapidez en identificar la lesión y en orientar el tratamiento hacia la descendente anterior es esencial, ya que esta arteria irriga una gran parte del ventrículo izquierdo y su reperfusión precoz marca la diferencia en el pronóstico funcional del paciente.

Predilatación con balón y recuperación de flujo coronario

Una vez identificada la oclusión en la descendente anterior, se pasa una guía a través de la lesión para poder trabajar sobre ella. El siguiente paso es la predilatación con un balón, que se infla en el punto de la obstrucción con el objetivo de abrir la arteria y permitir que vuelva a pasar sangre. Tras esta maniobra, se realiza una nueva inyección de contraste y se observa que la arteria ha recuperado flujo, lo que indica que la predilatación ha sido efectiva. Durante este proceso, el paciente se mantiene estable a nivel hemodinámico, sin descensos bruscos de presión ni arritmias significativas, lo que facilita continuar con el plan previsto sin necesidad de medidas de rescate adicionales.

Implantación del stent y resolución de la lesión

Después de comprobar que la predilatación ha mejorado el paso de sangre, se decide implantar un stent en la zona de la lesión para asegurar que la arteria permanezca abierta de forma duradera. El stent se posiciona cuidadosamente en el segmento afectado de la descendente anterior y se expande hasta fijarse en la pared arterial. Una vez implantado, se vuelve a inyectar contraste para valorar el resultado final, observándose que la lesión queda resuelta y que el flujo coronario es adecuado. Esta resolución angiográfica se acompaña de una mejoría progresiva en el electrocardiograma, con tendencia a la normalización del segmento ST, lo que confirma que la reperfusión ha sido efectiva y que el objetivo principal del procedimiento se ha alcanzado.

Evolución electrocardiográfica y estabilidad hemodinámica durante el codigo infarto

A lo largo de todo el procedimiento, la evolución electrocardiográfica es seguida de cerca por el equipo de enfermería y el hemodinamista. Desde el inicio se observa una elevación del ST en cara anterior, coherente con el diagnóstico de infarto en localización anterior. Tras la predilatación y, especialmente, después de la implantación del stent, se va viendo cómo el ST comienza a descender y a aproximarse a la línea isoeléctrica. Esta normalización progresiva es un signo indirecto de que el miocardio está recuperando perfusión y de que la arteria responsable del infarto se ha reabierto de forma efectiva.

En paralelo, la estabilidad hemodinámica del paciente se mantiene en todo momento, sin episodios de hipotensión severa ni necesidad de soporte vasoactivo. La monitorización continua permite detectar cualquier cambio en la presión arterial, la frecuencia cardiaca o la saturación de oxígeno, y estar preparados para actuar si surgiera una complicación. En este caso, el hecho de que el paciente se mantenga estable facilita un desarrollo relativamente lineal del código infarto, sin sobresaltos, lo que no resta importancia al papel de vigilancia activa y anticipación que ejerce la enfermería durante toda la intervención.

Comunicación con el paciente y explicación del procedimiento

Durante el procedimiento, el paciente es informado en todo momento de lo que se le está haciendo, adaptando el lenguaje a su situación y a su capacidad de comprensión en un contexto de urgencia. Aunque se trata de una situación crítica, se procura mantener un clima de calma y seguridad, explicando de forma sencilla que se está trabajando para abrir la arteria que se ha cerrado y que está provocando el dolor y el infarto. Esta comunicación continua ayuda a reducir la ansiedad del paciente, que a menudo se siente vulnerable y asustado al estar despierto en una sala de hemodinámica rodeado de equipos y personal.

La enfermería tiene un rol especialmente cercano en esta comunicación, ya que es quien está más tiempo al lado del paciente, ajustando la monitorización, comprobando el confort y respondiendo a sus dudas inmediatas. Al finalizar el procedimiento, se le explica qué se ha hecho exactamente, que se ha colocado un stent en la arteria descendente anterior y que la lesión ha quedado resuelta. El hecho de que el paciente tolere bien el procedimiento y entienda, al menos de forma básica, lo que ha ocurrido, contribuye a que viva la experiencia con menos miedo y con una mayor confianza en el equipo que lo ha atendido.

Tratamiento posterior: doble antiagregación y destino del paciente

Una vez finalizada la angioplastia y confirmado el buen resultado, se instaura el tratamiento posterior necesario para proteger el stent y prevenir nuevos eventos. En este contexto, se administra doble antiagregación plaquetaria, que es fundamental para evitar la trombosis del stent recién implantado. La enfermería se encarga de verificar la correcta administración de la medicación, de registrar las dosis y de vigilar posibles efectos adversos inmediatos, especialmente en un paciente que acaba de pasar por un procedimiento invasivo y que ha recibido contraste y múltiples fármacos.

En coordinación con el equipo de la unidad coronaria, se decide el destino más adecuado para el paciente tras el código infarto. Dado que ha permanecido estable y ha tolerado bien el procedimiento, se opta por su traslado a una unidad de monitorización continua, como una unidad de semicríticos. Allí podrá seguir bajo vigilancia estrecha, con control seriado de constantes, electrocardiogramas y marcadores de daño miocárdico, pero sin necesidad de los recursos de una unidad de cuidados intensivos. Esta decisión refleja un equilibrio entre la seguridad del paciente y el uso racional de los recursos, siempre con la prioridad de garantizar una recuperación óptima tras un infarto de localización anterior.

Papel crítico de enfermería en el codigo infarto de localización anterior

En este caso, se hace especialmente evidente la importancia del papel de enfermería en el manejo del código infarto, y en particular en un infarto de localización anterior, donde el tiempo y la coordinación son determinantes. La capacidad de la enfermería para saber actuar en situaciones de emergencia, para organizar el material, distribuir roles y anticiparse a las necesidades del hemodinamista y del paciente, marca la diferencia entre un procedimiento fluido y uno lleno de interrupciones y riesgos. Desde la recepción del paciente, pasando por la preparación del campo, la monitorización continua y la administración de medicación, cada gesto está orientado a ganar minutos y a aumentar la seguridad.

Además de las habilidades técnicas, destaca la capacidad de anticipación, que en este caso se traduce en tener preparada la medicación por si se complica la situación, en disponer de todo el material necesario antes de que se solicite y en mantener siempre un plan mental de qué hacer si el paciente se inestabiliza. Aunque en este episodio concreto todo transcurre dentro de lo que podría considerarse “límite” pero controlado, la preparación para el peor escenario está siempre presente. Este equilibrio entre calma, rapidez y previsión es la esencia del rol crítico de enfermería en el código infarto localización anterior, y es lo que permite que casos como este terminen con una arteria abierta, un paciente estable y una sensación de trabajo bien hecho por parte de todo el equipo. cardiologia, enfermeria

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