Ablación septal: cuándo se plantea y en qué consiste

Ablación septal: cuándo se plantea y en qué consiste

Publicado el 14 de mayo de 2026 Sara Almahano

Qué es la ablación septal y por qué se realiza

La ablación septal es un procedimiento que se hace en hemodinámica y que se plantea en pacientes en los que el problema está en el septo, que se encuentra engrosado y acaba dificultando la salida de la sangre. No se plantea porque sí, sino cuando ese engrosamiento produce una obstrucción y el paciente empieza a tener síntomas que realmente le limitan.

Al final, lo que se busca con la ablación septal es reducir ese efecto obstructivo. Es una opción que entra en juego cuando el cuadro clínico no se controla bien y el paciente sigue encontrándose mal a pesar del manejo inicial. Por eso no hablamos de un procedimiento aislado, sino de una parte más dentro del tratamiento de una enfermedad de base.

La enfermedad de base y cómo afecta al paciente

La enfermedad de base que suele estar detrás de este planteamiento es una miocardiopatía que provoca un engrosamiento del septo. Ese engrosamiento no es un hallazgo sin más, sino que tiene consecuencias directas sobre cómo trabaja el corazón y sobre cómo se encuentra la persona en su día a día.

Cuando aparece esa hipertrofia ventricular obstructiva, el corazón tiene más dificultad para expulsar la sangre con normalidad. Y eso, llevado a la práctica, se traduce en pacientes que no toleran bien el esfuerzo, que notan dolor o presión en el pecho y que muchas veces refieren falta de aire con actividades que antes hacían sin problema.

El papel del engrosamiento del septo

El septo engrosado es una parte clave del problema, porque ese aumento de grosor favorece la obstrucción. No es solo que el músculo esté más grueso, sino que ese cambio anatómico acaba interfiriendo en la dinámica normal del ventrículo y condiciona la aparición de síntomas. Por eso, cuando se habla de ablación septal, el foco está precisamente en actuar sobre esa zona que está generando la obstrucción.

Síntomas que suelen llevar a valorar este procedimiento

Los síntomas que suelen hacer que se valore más en serio este procedimiento son bastante claros: angina, falta de aire y ángor. Son pacientes que muchas veces ya vienen con una clínica que no es puntual, sino mantenida, y que les afecta de verdad en su calidad de vida.

No hablamos solo de una molestia leve. Muchas veces son personas que se fatigan con facilidad, que tienen dolor torácico con esfuerzos pequeños o incluso con actividades cotidianas, y ahí es cuando empieza a verse que el problema no está bien controlado y que quizá haya que ir un paso más allá.

El tratamiento farmacológico como primer paso

El primer abordaje, normalmente, es el tratamiento farmacológico. Eso es lo habitual, porque antes de plantear una ablación septal se intenta controlar la sintomatología con medicación y ver si el paciente mejora con ese manejo inicial.

Tiene sentido que sea así, porque no todos los pacientes van a necesitar un procedimiento. Si con el tratamiento farmacológico disminuyen la angina, la disnea o el malestar general, se puede seguir por esa línea. El problema viene cuando esa mejoría no llega o se queda corta.

Cuándo el tratamiento no es suficiente

Hay un punto en el que el tratamiento farmacológico se considera fallido o, al menos, insuficiente. Eso pasa cuando el paciente sigue con síntomas importantes a pesar de estar tratado, por ejemplo en personas con una clase funcional NYHA III O IV, donde la limitación ya es evidente. Ahí es donde empieza a tener más peso valorar otras opciones como la ablación septal.

Cuándo se plantea la ablación septal

La ablación septal se plantea cuando ya se ve que el paciente sigue sintomático, que la obstrucción sigue teniendo repercusión y que el tratamiento farmacológico no acaba de ir bien. No es una decisión automática, pero sí una posibilidad real cuando la clínica persiste y la limitación es importante.

En esos casos, el objetivo es intentar mejorar la situación del paciente actuando sobre la causa de esa obstrucción septal. Dicho de forma sencilla, se valora cuando el problema ya no se está resolviendo solo con medicación y hace falta un abordaje más dirigido para aliviar los síntomas y reducir el impacto que la enfermedad está teniendo en la vida diaria.

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